viernes, 2 de diciembre de 2011

Tú mismo serás la persona que más tiempo pase a tu lado.

Poco a poco yo también voy creyendo en él, y en sus repercusiones. Observo detenidamente como los hechos y las palabras se enlazan entre si con el tiempo, como lo que sube baja, y lo que se acerca hasta axfisiar se aleja. Según esta doctrina es lícito elegir entre hacer y predicar el bien o el mal, siempre y cuando, apandes con las consecuencias que esto deriva, con los efectos secundarios. Es mejor tomárselo con humor, como en la famosa serie americana que todos conocemos. Cada cual recibirá lo suyo, recogerá lo que sembró, y se alegrará o agonizará en mayor o en menor medida, según su saber hacer. Invito a que cada uno haga memoria, reconstruya su pasado ayudándose del de los demás, y se de cuenta de que esta teoría no es tan descabellada como los ilusos nos quieren hacer creer, a través de sus patrañas y de sus sueños de altanería, desde sus pensamientos de cabecita ingenua al creer que el camino se construye apartando a los demás y caminando por el centro, por donde todo el mundo te ve, te aplaude o repugna, pues a veces aunque camines por el medio de una calle muy transitada haciendo malabarismos por ser visto, el resto de los viandantes tienen vidas paralelas a la tuya, y mucho más importantes para ellos que el circo que has generado para llamar la atención. Sin embargo, yo prefiero recomponer mi corazón en la oscuridad después de que el karma y la vida misma me de una lección, para volver a brillar con más fuerza cuando esté realmente preparada. Volviendo a la raíz del tema, opino que nadie puede escapar de su destino, porque yo si creo en el destino, y en que las decisiones y el karma solo existen para facilitarnos o enturbiarnos el camino, y lo mejor o lo peor de todo, es que nosotros dependemos única y exclusivamente de nosotros mismos, siempre...


(de mi propia cosecha)

ESTATUA

El miércoles dedicamos la clase de filosofía a meditar. El profesor puso música relajante, y nos fue guiando hasta nuestra propia imaginación. Todos nos colocamos en una postura cómoda y cerramos los ojos, concentrándonos en nuestra respiración, y olvidándonos de lo demás. A mi al principio me costó un poco, porque me daba vergüenza que me vieran con los ojos cerrados, pero al ver que todo el mundo se comportó correctamente sin risitas ni tonterías me dejé llevar. El viaje comenzó en una habitación oscura y muuuuy grande, con apariencia de museo, con una ventana acristalada en forma de semicírculo en el techo que dejaba ver una noche despejada. El silencio y la incertidumbre poblaban la habitación, además de la sensación incómoda de presentir que hay algo al otro lado de la oscuridad que no puedes ver. Ese algo era mi estatua. Su físico no era exactamente igual al mio, pero lo que me transmitía si eran mis sentimientos. Era blanca, completamente blanca. Incluso la superficie en la que estaba subida era blanca. Vestía como las estatuas griegas, con una túnica holgada que le cubría todo el cuerpo, excepto los pies. El pelo lo llevaba como las musas griegas: enroscado hacia atrás, y una cinta con hojas. La estatua miraba hacia arriba, en ningún momento bajó la vista. La expresión de su rostro era seria. Lo que me trasmitía la estatua era frialdad, indiferencia. Miraba a la gente desde arriba, e ignoraba todo aquello que le pudiera molestar. Hablaba pero nadie la escuchaba, miraba pero nadie veía a donde. Impotencia.
Esta actividad me gustó mucho, pero me hizo reflexionar. Me sentí identificada con la estatua, quizás seamos la misma persona.